Shepherding Our Hearts to the Father’s / Pastoreando el Corazón Hacia el Corazón de Dios Padre

The Holy Spirit is burning within Peter, the first of the Apostles, as he proclaims the truth about Jesus to the leaders of the Jews in today’s First Reading: Jesus Christ is the stone they rejected and executed, the cornerstone of the Church, in Whom all salvation and healing is found.

In Christ, the Son of God, we also become children of God. In Christ, who calls himself the Good Shepherd, we are known and healed and saved. This Good Shepherd has sacrificed everything for our sake, laying down His life willingly, and taking it back up again.

Jesus is always the one in control. No one forces him to do anything. The Father sent him into the world on a mission of salvation, and his whole life is dedicated to saving all of us. It is a struggle, but he is not struggling to protect or save himself; he is struggling to save all of us as he gives all of Himself. The enemy does not make him recoil or run away from his mission; the “wolf” will not make him anxious, because he cannot lose. Jesus is not worried. He does not need to recalculate his battle plan. The Plan is set from the beginning: He must take on all our fallenness and woundedness and sin and death itself, and carry it all the way to Golgotha in his own Perfect Heart – completely human and completely divine; he must sacrifice himself wholly by laying down his life, and then transform every darkness into light when he takes up his life again.

And His glorious promise to us is that ultimately, all will be drawn together so that there will be one flock without division, under the one Shepherd of love. The love of the Father has willed that we be called His children, as St. John tells us. God has created a world and a Heaven that would not be complete without us, because we are all members of one family in Christ, each of us beloved sons and daughters. Through Christ’s rejection and death, we are redeemed, received, and given eternal life. In this freedom, we are called to accept this great gift and follow the commands of our Good Shepherd.

Contact the author


El Espíritu Santo arde dentro de Pedro, el primero de los Apóstoles, mientras proclama la verdad sobre Jesús a los líderes de los judíos en la Primera Lectura de hoy: Jesucristo es la piedra que ellos rechazaron y ejecutaron, la piedra angular de la Iglesia, en Quien toda salvación y sanidad se encuentra.

En Cristo, el Hijo de Dios, también nosotros llegamos a ser hijos de Dios. En Cristo, que se llama a sí mismo el Buen Pastor, somos conocidos, sanados y salvados. Este Buen Pastor ha sacrificado todo por nosotros, entregando su vida voluntariamente y tomándola de nuevo.

Jesús siempre tiene el control. Nadie le obliga a hacer nada. El Padre lo envió al mundo con una misión de salvación, y toda su vida está dedicada a salvarnos a todos. Es una lucha, pero él no lucha por protegerse o salvarse a sí mismo; Él está luchando por salvarnos a todos mientras entrega todo de sí mismo. El enemigo no le hace retroceder ni huir de su misión; el “lobo” no le pondrá ansioso, porque no puede perder. Jesús no está preocupado. No necesita recalcular su plan de batalla. El Plan está establecido desde el principio: Él debe asumir toda nuestra caída, nuestras heridas, el pecado y la muerte misma, y llevarlos hasta el Gólgota en su propio Corazón Perfecto, completamente humano y completamente divino; debe sacrificarse por completo entregando su vida, y luego transformar toda oscuridad en luz cuando retome su vida.

Y Su gloriosa promesa para nosotros es que, en última instancia, todos se unirán para que haya un rebaño sin división, bajo el único Pastor del amor. El amor del Padre ha querido que seamos llamados hijos suyos, como nos dice San Juan. Dios ha creado un mundo y un Cielo que no estaría completo sin nosotros, porque todos somos miembros de una sola familia en Cristo, cada uno de nosotros amados hijos e hijas. A través del rechazo y la muerte de Cristo, somos redimidos, recibidos y se nos da vida eterna. Con esta libertad, estamos llamados a aceptar este gran regalo y seguir los mandatos del Buen Pastor.

Comunicarse con la autora

Kathryn Mulderink, MA, is married to Robert, Station Manager for Holy Family Radio. Together they have seven children (including Father Rob), and seven grandchildren. She is President of the local community of Secular Discalced Carmelites and has published five books and many articles. Over the last 30 years, she has worked as a teacher, headmistress, catechist, Pastoral Associate, and DRE, and as a writer and voice talent for Catholic Radio. Currently, she serves the Church by writing and speaking, and by collaborating with various parishes and to lead others to encounter Christ and engage their faith. Her website is www.KathrynTherese.com

Feature Image Credit: pumukel, pixabay.com/photos/jesus-good-shepherd-merciful-father-1603691/

To Whom Shall We Go? / ¿A Quién Iremos?

Recently, we listened to a priest talk about the Legion of Mary so that we could prayerfully discern whether or not we should begin a group in our parish. It sounded amazing. You get together once a week to pray the rosary and other Marian prayers, you listen to words of wisdom, and have fellowship with others who are also trying to live out their devotion to Mary. I was all in. 

Then he told us that each member of the group would be given a weekly apostolic work and we would come back to the group to report it. We would be given tasks to complete, like visiting the homebound or hospitalized, praying for others, completing works of service or walking up to complete strangers and offering them the Miraculous Medal. 

Walking up to strangers. Talking to them about Mary. Evangelizing to strangers. Out of my comfort zone. Way out of my comfort zone. Panic inducing anxiety out of my comfort zone. 

Yet, like Peter, I have to say, “Lord, to whom shall I go?” 

Jesus is at the height of his popularity. People are calling for him to be king. They are all in. And then Jesus tells them that they must eat his flesh and drink his blood. What? Is he talking about cannibalism? Is he just trying to tell them that he will provide for them? What does this mean? And great numbers of people simply walk away. This is too hard. It invokes revulsion, anxiety, maybe even panic since it is out of their comfort zone. And they walk away. 

So Jesus asks his apostles if they are going to leave as well. And Peter responds, “Lord, to whom shall I go?” Peter doesn’t tell Jesus he understands these hard sayings. He doesn’t ask Jesus to clue him in or to make an exception. Peter simply stands on his relationship with Jesus and wonders aloud, “What else is there?” 

We are asked to do the same thing over and over again. When the teachings of the Church become hard and we want to look for something easier, to whom shall we go? When we are scandalized by the behavior of those we see in the pews next us, to whom shall we go? When our pastor doesn’t live up to our expectations, to whom shall we go? When helping to build the Kingdom of God here on earth takes me out of my comfort zone, to whom shall I go? 

I don’t know where this current path will lead, but I know I trust Jesus enough that if he is placing this before me, I need to prayerfully, wholeheartedly discern his call. Because, like Peter, I too believe, Lord, that you have the words of eternal life. I have come to believe and am convinced that you are the Holy One of God. To whom else should I go? 

Contact the author


Recientemente, escuchamos a un sacerdote hablar sobre la Legión de María para que pudiéramos discernir en oración si deberíamos o no comenzar un grupo en nuestra parroquia. Sonó increíble. Te reúnes una vez a la semana para rezar el rosario y otras oraciones marianas, escuchas palabras de sabiduría y convives con otras personas que también están tratando de vivir la devoción a María. Estaba totalmente convencida.

Luego nos dijo que a cada miembro del grupo se le asignaría un trabajo apostólico semanal y regresaríamos al grupo para informarlo. Se nos darían tareas para completar, como visitar a los confinados en sus hogares u hospitalizados, rezar por otros, completar obras de servicio o acercarnos a desconocidos y ofrecerles la Medalla Milagrosa.

¿Acercarse a extraños para hablarles de María? ¿Evangelizar a los desconocidos? Todo esto está fuera de mi zona de confort…completamente fuera. Tan fuera que me induce pánico y ansiedad. Sin embargo, como Pedro, tengo que decir: “Señor, ¿a quién iré?”

Aquí Jesús se encuentra en el culmen de su popularidad. La gente pide que sea rey. Todos están a favor. Y luego Jesús les dice que deben comer su carne y beber su sangre. ¿Qué? ¿Está hablando de canibalismo? ¿Está simplemente tratando de decirles que él proveerá para ellos? ¿Qué quiere decir esto? Y un gran número de personas simplemente se marchan. Esto es muy difícil. Provoca repulsión, ansiedad y tal vez incluso pánico, ya que está fuera de su zona de confort. Y se alejan.

Entonces Jesús pregunta a sus apóstoles si ellos también se van a ir. Y Pedro responde: “Señor, ¿a quién iremos?” Pedro no le dice a Jesús que entiende estos duros dichos. No le pide a Jesús que le dé pistas ni que haga una excepción. Pedro simplemente se mantiene firme en su relación con Jesús y se pregunta en voz alta: “¿Qué más hay?”

Se nos pide que hagamos lo mismo una y otra vez. Cuando las enseñanzas de la Iglesia se vuelven duras y queremos buscar algo más fácil, ¿a quién iremos? Cuando nos escandalizamos por el comportamiento de los que vemos en la banca al lado nuestro, ¿a quién iremos? Cuando nuestro párroco no está a la altura de nuestras expectativas, ¿a quién iremos? Cuando ayudar a construir el Reino de Dios aquí en la tierra me saca de mi zona de confort, ¿a quién iré?

No sé a dónde me llevará este camino actual, pero sé que confío en Jesús lo suficiente como para que si él me presenta esto, necesito discernir su llamado con oración y de todo corazón. Porque, como Pedro, también creo, Señor, que tú tienes palabras de vida eterna. He llegado a creer y estoy convencido de que tú eres el Santo de Dios. ¿A quién más debería ir?

Comunicarse con la autora

Sheryl’s first calling is to be wife and partner to Tom, who is a candidate for the Permanent Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. She also gets to live out her passion for teaching and learning by serving as principal at St. Therese Catholic School in Wayland, Michigan. Home is full with Carlyn, our goofy golden retriever, Lucy, our terrier mix wild child, and Mila, our very special Bernese Mountain dog. 

Feature Image Credit: Andrew Neel, unsplash.com/photos/woman-sitting-on-land-KkCig7EbfoA

Trusting in God’s Direction / Confiando en la Orientación de Dios

When the disciples are tasked with feeding five thousand men across from the Sea of Galilee, they are understandably dumbfounded: How can they feed so large a crowd with no food of their own, not much money, and five barley loaves and two fish? Yet, they do not bat an eye when Jesus tells them to prepare the crowd for a meal. Instead of relying on their own intuition and arguing with Jesus about the absurdity of feeding over five thousand people with such a small amount of food, they simply do what He says, knowing that He will provide for His people.

The disciples understand our Gospel acclamation, that “one does not live on bread alone, but on every word that comes forth from the mouth of God” (Matt. 4:4). They have no idea how to approach the situation, but they have learned to trust in Jesus’ direction, even for matters of physical survival. His direction is better than anything they could come up with, even if it seems absurd at the time.

This outlook complements that of the psalmist, whose sole aim is to dwell in the house of the Lord rather than in other, more familiar places. And in our First Reading, we see Gamaliel saying something similar: “If [the gospel message] comes from God, you will not be able to destroy them; you may even find yourselves fighting against God” (Acts 5:39). He does not want to resist something that might come from God, even if he does not understand it.

Gamaliel, the psalmist, and the disciples see the point of remaining fixed on God, trusting in His direction even when it is difficult. They know that if God ordains something, guiding it with His hand, it cannot fail. If He gives direction, it will not be followed in vain. To dwell in His house is better than all else.

This is a profound trust that we need to adopt in our own lives. There is a subtle self-reliance that creeps in when we spend too much time seeking security by our own efforts alone. We plan far ahead, without consulting God concerning what He wants for our lives and for our loved ones. Inevitably, our best laid plans fail, and we make new ones, which fare no better. If we are not used to consulting God and trusting that He truly has things under control, we rely on worldly methods to maintain security, prestige, and wealth, so that we can have everything necessary for a good and peaceful life. Seeking easy steps to success, we look to social media and popular wisdom to solve our problems. If these solutions are divorced from spirituality, they never bring us the peace and security we seek.

Ultimately, we need to trust in what God has already told us through readings such as these. Even and especially when things look confusing and hopeless, God is in control. We must listen to Him and seek His will in these moments through prayer, Scripture, the sacraments, and spiritual direction, trusting in what He tells us, even if we cannot understand the reasons for it. We cannot expect to fully understand the ways of God, but that does not mean that they are inferior to the ways we can come up with on our own. Dwelling in His house is the goal, and His direction and protection are best for us in all situations.

Contact the author


Cuando los discípulos tienen la tarea de alimentar a cinco mil hombres al otro lado del Mar de Galilea, se quedan estupefactos: ¿Cómo pueden alimentar a una multitud tan grande sin comida propia, sin mucho dinero, cinco panes de cebada y dos peces? Sin embargo, no se inmutan cuando Jesús les dice que preparen a la multitud para una comida. En lugar de confiar en su propia intuición y discutir con Jesús acerca de lo absurdo de alimentar a más de cinco mil personas con una cantidad tan pequeña de comida, simplemente hacen lo que les manda, sabiendo que proveerá para Su pueblo.

Los discípulos entienden nuestra aclamación evangélica, que “No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4,4). No tienen idea de cómo abordar la situación, pero han aprendido a confiar en la dirección de Jesús, incluso en cuestiones de supervivencia física. Su orientación es mejor que cualquier cosa que se les haya ocurrido, incluso si parece absurdo en ese momento.

Esta perspectiva complementa la del salmista, cuyo único objetivo es morar en la casa del Señor y no en otros lugares más familiares. Y en nuestra Primera Lectura, vemos a Gamaliel diciendo algo similar: “si lo que se proponen y están haciendo es de origen humano, se acabará por sí mismo. Pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes deshacerlo. No se expongan a luchar contra Dios” (Hechos 5:39). No quiere resistirse a algo que podría venir de Dios, aunque no lo entienda.

Gamaliel, el salmista y los discípulos ven el punto de mantenerse fijos en Dios, confiando en Su orientación incluso cuando sea difícil. Saben que si Dios ordena algo, guiándolo con Su mano, no puede fallar. Si orienta a alguien, sus indicaciones no serán seguidas en vano. Morar en Su casa es mejor que cualquier otra cosa.

Esta es una confianza profunda que necesitamos adoptar en nuestras propias vidas. Hay una autosuficiencia sutil que se cuela cuando pasamos demasiado tiempo buscando seguridad solo con nuestros propios esfuerzos. Planeamos con mucha anticipación, sin consultar a Dios sobre lo que quiere para nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Inevitablemente, nuestros planes fallan y creamos otros nuevos, y no nos va mejor. Si no estamos acostumbrados a consultar a Dios y confiar en que realmente tiene las cosas bajo su control, nos apoyamos en métodos mundanos para mantener la seguridad, el prestigio y la riqueza, para que podamos tener todo lo necesario para una vida buena y pacífica. Buscando pasos fáciles hacia el éxito, recurrimos a las redes sociales y la sabiduría popular para resolver nuestros problemas. Si estas soluciones están separadas de la espiritualidad, nunca nos traerán la paz y la seguridad que buscamos.

En última instancia, debemos confiar en lo que Dios ya nos ha dicho a través de las escrituras, como las lecturas de hoy. Incluso y especialmente cuando las cosas parecen confusas y sin esperanza, Dios tiene todo bajo control. Debemos escucharlo y buscar su voluntad en estos momentos a través de la oración, la Escritura, los sacramentos y la dirección espiritual, confiando en lo que nos dice, aunque no podamos entender las razones. No podemos esperar comprender completamente los caminos de Dios, pero eso no significa que sean inferiores a los caminos que podemos encontrar por nuestra cuenta. Morar en Su casa es la meta, y Su orientación y su protección son lo mejor para nosotros en todas las situaciones.

Comunicarse con el autor

David Dashiell is a freelance author and editor in Nashville, Tennessee. He has a master’s degree in theology from Franciscan University, and is the editor of the anthology Ever Ancient, Ever New: Why Younger Generations Are Embracing Traditional Catholicism.

Feature Image Credit: Alessandro Vicentin, cathopic.com/photo/9026-rezando

Tell the Story / Contar la Historia

“When they heard this, they became infuriated and wanted to put them to death.”

The Apostles were so convicted by their experience of Jesus Christ, that they continued to tell his story even when those in power wanted to put them to death. Let that sink in for a moment. They wanted them put to death. And the Apostles did not stop. 

We live in a time when we are taught not to discuss religion and politics. We have witnessed people shamed and brought down for standing up for their convictions. It is a time of “political correctness” and “cancel culture”. 

This hits home hard for me. It is hard for me to even write these words. I am ashamed to admit that there have been times in my life when I have not brought up my faith because I was afraid it would make for an uncomfortable dinner conversation. I have neglected to share the grace I have received, because I wasn’t sure how the person would react, they might think I was weird or worse. I had a job once where I was cautioned to tuck in my crucifix because I was around people who didn’t like Catholics and I complied. No one has threatened my life, but there have definitely been times when I didn’t tell the story of Jesus Christ and the wonders he has worked. For that I am ashamed. 

A personal encounter with Jesus Christ has the ability to transform us. A personal encounter with Jesus Christ is able to take us outside of ourselves and move us into meaningful encounters with others. It is our mission to go out into the world and tell the story of Jesus Christ and his mercy. We are not to tell it once and then go back home, we are to tell the story over and over. More than that, we are to live the story. We are to live in such a way that mercy is our hallmark; where telling others how much they are loved is part of just who we are and how we operate. 

So I will take comfort from John’s words in the Gospel. “He does not ration his gift of the Spirit.” As I bend my will to conform more and more to God’s will, I can trust that God will not ration his gift of the Spirit so that each day I can start anew and along with the Psalmist “bless the Lord at all times.” Even when it feels uncomfortable. 

Contact the author


“Esta respuesta los exasperó y decidieron matarlos.”

Los Apóstoles estaban tan convencidos por su experiencia de Jesucristo, que continuaron contando su historia incluso cuando aquellos en poder querían matarlos. Profundicen un momento en eso. Querían que los mataran. Y los Apóstoles no pararon.

Vivimos en una época en la que se nos enseña a no hablar de la religión y la política. Hemos sido testigos de personas avergonzadas y humilladas por defender sus convicciones. Es una época de “no ofender políticamente” y “una cultura de la cancelación”.

Esto es muy duro para mí. Es difícil para mí incluso escribir estas palabras. Me avergüenza admitir que ha habido momentos en mi vida en los que no mencioné mi fe porque tenía miedo de que se convirtiera en una conversación incómoda durante la cena. Me he negado a compartir la gracia que he recibido, porque no estaba seguro de cómo reaccionaría la persona, de que podrían pensar que era rara o algo peor. Una vez tuve un trabajo donde me advirtieron que me metiera el crucifijo dentro de la blusa porque estaba rodeado de personas que no les gustaban a los católicos, y lo hice. Nadie ha amenazado mi vida, pero definitivamente ha habido momentos en los que no conté la historia de Jesucristo y las maravillas que ha obrado. Por eso estoy avergonzada.

Un encuentro personal con Jesucristo tiene la capacidad de transformarnos. Un encuentro personal con Jesucristo es capaz de sacarnos de nosotros mismos y llevarnos a encuentros significativos con los demás. Es nuestra misión salir al mundo y contar la historia de Jesucristo y su misericordia. No debemos contarlo una vez y luego volver a casa, debemos contar la historia una y otra vez. Más que eso, debemos vivir la historia. Debemos vivir de tal manera que la misericordia sea nuestro sello distintivo; donde decirles a los demás cuánto los amamos es parte de quiénes somos y cómo operamos.

Así que me consolaré con las palabras de Juan en el Evangelio. “Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.”. Mientras dejo que mi voluntad se conforme cada vez más a la voluntad de Dios, puedo confiar en que Dios no racionará su don del Espíritu para que cada día pueda comenzar de nuevo y junto con el salmista “Bendeciré al Señor a todas horas”. Incluso cuando se siente incómodo.

Comunicarse con la autora

Sheryl is happy to be the number 1 cheerleader and supporter for her husband, Tom who is a candidate for the Permanent Diaconate in the Diocese of Kalamazoo. They are so grateful for the opportunity to grow together in this process. Sheryl’s day job is serving her community as the principal for St. Therese Catholic School in Wayland, Michigan. Since every time she thinks she gets life all figured out, she realizes just how far she has to go, St. Rita of Cascia is her go-to Saint for intercession and help. Home includes Carlyn, a very, very goofy Golden Retriever and Lucy, our not-so-little rescue puppy. 

Feature Image Credit: Justice Amoh, unsplash.com/photos/hyYJKOZp2Og